Todo comenzó en Nueva York, cuando cientos de mujeres de una fábrica textil salieron a las calles a protestar por sus condiciones inhumanas. Trabajaban más de 12 horas diarias por salarios que eran menos de la mitad de lo que ganaban los hombres. Aquella marcha fue dispersada por la policía, pero plantó la semilla de la organización sindical femenina.
Cincuenta años después, 15,000 mujeres marcharon de nuevo por Nueva York. El «Pan» simbolizaba la seguridad económica (mejores sueldos) y las «Rosas» una mejor calidad de vida (derecho al voto y fin del trabajo infantil). Fue un movimiento que unió la supervivencia básica con la dignidad humana.
Este es quizás el punto más doloroso y decisivo. El 25 de marzo de 1911, un incendio consumió la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist en Nueva York. Las trabajadoras no pudieron escapar porque los dueños habían bloqueado las salidas para evitar robos.
123 mujeres murieron en el siniestro. Este evento conmocionó al mundo y obligó a cambiar las leyes laborales de seguridad de forma drástica, convirtiendo el color violeta (el color del humo que salía de la fábrica, según la leyenda, por las telas que usaban) en el símbolo del movimiento.
En Rusia, las mujeres marcaron la historia un 8 de marzo (según el calendario gregoriano) al declararse en huelga bajo el lema «Pan y Paz», protestando contra la hambruna y la Primera Guerra Mundial. Esta movilización fue tan masiva que contribuyó a la caída del Zar y, poco después, el gobierno provisional les otorgó el derecho al voto.